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¡Fortaleza para mantener el rumbo!

¡Fortaleza para mantener el rumbo!

“Porque el SEÑOR es Dios grande, Rey grande sobre todos los dioses. En su mano están las profundidades de la tierra; suyas son las alturas de los montes. Suyo es el mar, pues él lo hizo; y sus manos formaron la tierra seca. ¡Vengan, adoremos y postrémonos! Arrodillémonos delante del SEÑOR, nuestro Hacedor. Porque él es nuestro Dios; nosotros somos el pueblo de su prado y las ovejas de su mano. Si oyen hoy su voz ‘no endurezcan sus corazones como en Meriba; como el día de Masá, en el desierto” Salmo 95:3-8 RVA-2015

No permitamos que en este tiempo de cuarentena nuestro corazón se endurezca por falta de entendimiento de las diversas amenazas que nos asedian. Si bien es cierto que vivimos momentos de incertidumbre, recordemos como creyentes, que la forma de permanecer en esta carrera, es sencilla, y es apoyándonos en el poder del Espíritu Santo que fortalece nuestra fe. Por esto, no nos distraigamos y:

Aceptemos este tiempo como una disciplina del Señor, pues hay muchas personas que están pendientes de lo qué haces.

Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos enreda, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos delante de nosotros puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo que tenía delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios”. (Hebreos12:1-2).

No decaigamos, a lo largo de esta nueva disciplina.

Consideren, pues, al que soportó tanta hostilidad de pecadores contra sí mismo, para que no decaiga el ánimo de ustedes ni desmayen. ¿Y ya han olvidado la exhortación que se les dirige como a hijos? Hijo mío, no tengas en poco la disciplina del Señor ni desmayes cuando seas reprendido por él. (Hebreos 12:3,5 RVA-2015). 

Aceptemos que el Señor está entre nosotros, a lo largo de este tiempo tan difícil.

Entremos en razón, reconociendo que Dios está entre nosotros. El Padre Celestial nos habla día a día, pero no lo oiremos si estamos distraídos y tenemos un corazón endurecido.

Tómate un momento para reflexionar en cuanto al estado de tu corazón, y confía en la dirección del Espíritu Santo para responder.

  • ¿Está el Señor entre nosotros?
  • ¿Está el Espíritu Santo en cada uno de nosotros?
  • ¿Estoy escuchando su voz?
  • ¿Estoy dándole gracias a Dios?
  • ¿Me estoy levantando fuerte en el Señor?

 

Oración:

Padre Celestial, como seguidor de Cristo no tengo nada que temer, te pido que pueda comprender por completo la profundidad y la amplitud de tu soberanía y tu Gracia por Tu amor en mí. Amén.

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