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Somos la Iglesia

Somos la Iglesia

Ya no te ven llegando temprano para comenzar los domingos.

Ya no te ven entrando llenas de gozo para ver a tus niños y poder enseñarles que hay un Dios en el cielo, si, a ellas tampoco las ven cuando sus rostros se iluminan con tan solo verlos.

Ya no te ven con carteles en manos que dicen “Bienvenido”, “Welcome Home” o cuando de tu boca sale un simple “te amo”.

Ya no te ven brindando un café a una mujer, a un hombre o tal vez a un anciano.

Ya no te ven abriendo la puerta y estrechando la mano tal vez a un extraño, sin tan siquiera saber lo que está pasando pero tú, le entendiste tu mano.

Ya no te ven ajustando sonidos y afinando instrumentos que unidos a voces conquisten el cielo, desatando la presencia de Dios que se puede sentir en el centro del pecho.

Ya no te ven limpiando los vidrios que reflejan sonrisas.

Ya no te ven parada en pasillos esperando a personas que están convencidas que será un gran día y tú la diriges con tanto cariño al lugar correcto y levantan sus manos para darle gracias al padre eterno y Dios soberano.

Ya no te ven preparando unos sándwich para honrar a personas que entregan su tiempo al servicio del pueblo

Ya no te ven entrar en un cuarto y doblar rodillas por almas perdidas.

Ya no te ven tomando fotos o firmando videos que después demuestran lo que tanto hacemos.

Ya no te ven trabajando juntos para construir el Reino de Dios en la tierra.

 

Pero sí, somos colaboradores de Dios que unidos a un enorme grupo de personas redimidas por la sangre de Cristo, forman La Iglesia, una iglesia que en verdad hace tiempo no se une a adorar y a levantar manos santas a causa de un virus que nosotros no vemos.

Pero todos juntos y unidos por un mismo espíritu, somos la iglesia que nos unimos a colaborar con lo que Dios ya está haciendo, Y quiero decirte que tenemos un padre con ojos de fuego y de su boca sale una frase que dice:

“No desmayes novia mía, sigue creciendo y sigue orando allí en lo secreto, no pares de ministra y dar palabras de amor y esperanza, que llenas de aliento levantan la fe de un familiar, de un amigo o tal vez de un vecino que pueda estar enfermo. Tú eres mi iglesia y yo te escogí para cosas eternas, para que seas la sal y la luz de esta tierra, y quiero que sepas que pronto nos vemos y estaremos juntos en las bodas del cordero y aunque por un tiempo estén cerradas las puertas del templo, yo te aseguro, que siempre para mi iglesia, permanecerán abiertas las ventanas del cielo.”

 

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