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La gratitud a Dios y el gozo

La gratitud a Dios y el gozo

La gratitud a Dios es la actitud correcta del corazón humano perdonado, redimido y bendecido. Esta gratitud a nuestro Creador, Salvador y Señor está enfatizada en muchos pasajes de la Escritura. Lucas 17:11-19 relata el portentoso milagro por el cual el Señor Jesucristo sanó a diez leprosos. Sin embargo, sólo uno volvió al Señor para darle las gracias y para adorarle. Éste era nada menos que un samaritano y el Señor Jesús dijo refiriéndose a él: «¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado» (vv.18-19).

La gratitud nos impulsa a obedecer a DiosEn Juan 14:21, el Señor dice: «El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él». La persona agradecida comprende muy bien que su deber es obedecer al Señor. Al hacerlo está demostrando su amor.

La gratitud nos impulsa a adorar al Señor con todo nuestro ser. Lucas 7:36-50 narra el episodio en que una mujer pecadora se postra al Señor y lo adora mientras que un fariseo sólo observa y critica. Jesús dijo al fariseo acerca de la mujer: «Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama» (v.47).

La gratitud a Dios nos impulsa a anhelar vivir en santidad. La Biblia dice que sin santidad nadie verá a Dios (Hebreos 12:14). Sólo una persona agradecida por haber recibido la salvación de Dios puede anhelar vivir en santidad.

La gratitud a Dios nos impulsa a ser genuinamente humildes. La gratitud a Dios nos protege de caer en orgullo y nos recuerda que somos totalmente dependientes de Él. En Lucas 18:9-14 el Señor narra la diferencia entre la oración de un fariseo orgulloso y un publicano arrepentido y dice: «Os digo que éste (el publicano) descendió a su casa justificado antes que el otro (el fariseo); porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido (v.14).

La gratitud nos impulsa a predicar el Evangelio. Es imposible comprometernos con la iglesia y con la extensión del reino de Dios sin gratitud. De hecho, el Reino de Dios, desde la perspectiva humana, se basa en la respuesta de la persona redimida ante el amor tangible de Dios expresado en la muerte del Señor. La respuesta correcta sólo puede ser una: gratitud.

Tenemos que aprender a ser agradecidos a Dios en todo y por todo.

La Escritura está llena de referencias acerca de la importancia de cultivar un corazón agradecido. El Salmo 103:1-2 exhorta: «Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios».  Efesios 5:20 y Colosenses 3:17 exhortan a los creyentes a vivir en una continua acción de gracias a Dios, por todo y en todo.

La gratitud a Dios conduce al gozo.

Filipenses tiene unas 16 referencias al gozo y a regocijarnos. Pero sólo podemos experimentar el gozo de Dios cuando tenemos una gratitud profunda y práctica hacia El. «Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia» (Hebreos 12:28).

Espero que esto los anime a ver la inquebrantable esperanza y alegría que nos lleva a alegrarnos y agradecer a Dios a través de los altibajos de la vida.

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