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El ancla de nuestra vida

El ancla de nuestra vida

“Tenemos como firme y segura ancla del alma una esperanza que penetra hasta detrás de la cortina del santuario, hasta donde Jesús, el precursor, entró por nosotros, llegando a ser sumo sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.”
Hebreos 6:19-20 NVI


Muchas veces las angustias de la vida, lo ocupada que mantenemos nuestra agenda, las obligaciones financieras y en general la vida misma; crean en nuestra alma un huracán. ¿Sabía usted que el lugar más seguro para una embarcación durante el embate de un huracán, es alejado de la costa solo sostenido en lugar por su ancla. Las anclas son pequeñas y si uno las ve a simple vista no parecen muy poderosas. Pero son capaces de mantener en su lugar embarcaciones 100 veces su tamaño.
La palabra de Dios hace lo mismo en nuestro corazón. Ancla nuestra alma a lo que no se ve, a lo que Él ha decretado, a lo que está por venir.

“La hierba se seca y la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre.” Isaías 40:8 NVI

Esta es la seguridad que tenemos, su palabra permanece para SIEMPRE. Así que sea cual sea tu circunstancia actual. Bien sea que perdiste tu trabajo, que no tienes papeles, que tú hijo está en rebeldía, que no tienes hijos después de muchos años de matrimonio, que enviudaste y no sabes cómo enfrentar el mundo solo, o que nunca te has casado. No importa lo que tenga angustiada tu alma. La palabra real y verdadera del Señor va a ser esa ancla que te dirá: “Porque yo soy el Señor, tu Dios, que sostiene tu mano derecha; yo soy quien te dice: “No temas, yo te ayudaré”.”Isaías 41:13 NVI

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